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| ¡Hoy comemos en casa! |
El postre de hoy, es una receta que me dio mi amiga y vecina
Carmina, es una tarta de limón muy refrescante que no necesita horno y sencillísima de hacer que podemos
preparar de un día para otro.
El secreto para que esta tarta cuaje está en que al batir la mezcla del zumo de limón y la leche; el ácido del limón reacciona con las proteínas de la leche condensada y el queso crema y se espesa de forma natural, por eso es importante el tiempo de reposo, al menos de 7 horas en la nevera.
Tarta de limón sin horno
Receta paso a paso
Ingredientes
400 gr de queso crema
200 ml de nata para batir 35% materia grasa
Un bote pequeño de leche condensada (370 gr)
Galletas tipo María (yo puse 22)
3 limones (zumo de 2 limones y medio), el resto para decorar.
Preparación
- Batimos un poco la nata sin que llegue a quedar firme y le vamos añadiendo poco a poco el queso crema, después incorporamos la leche condensada y el zumo de 2 limones y medio, hasta que nos quede una mezcla homogénea.
- Vamos cubriendo la base de un molde desmoldable (el que yo utilicé es de 18 cm de diámetro) con galletas, sin dejar espacios y después vamos incorporando la crema, alternándola con otra capa de galletas (en las siguientes capas, no hace falta cubrir toda la superficie con galletas) … para terminar con una capa de crema.
- La guardamos en la nevera por lo menos 4 horas antes de consumir, mejor de un día para otro.
- Si la queremos congelar y servir como una tarta helada, tendremos que dejarla antes en la nevera el tiempo necesario para que espese.
- En el momento de servir, desmoldamos y decoramos con ralladura de limón y rodajas de limón.
............
HUMOR
En el aula, el maestro le pregunta a uno de sus alumnos:
—A ver, Bosco, si te doy dos perros, luego otros dos y finalmente otros dos, ¿Cuántos perros tienes?
—Siete —responde el chiquillo.
—Incorrecto. Pon atención: si te doy dos perros, luego otros dos y finalmente otros dos,
¿Cuántos perros tienes?
—Siete —vuelve a decir el alumno.
El profesor no se da por vencido:
—Déjame ponerlo de otra manera: si te doy dos manzanas, luego otras dos y finalmente otras dos, ¿Cuántas manzanas tienes?
—Seis —indica el párvulo.
—¡Muy bien! Ahora, si te doy dos perros y luego otros dos más y finalmente otros dos, ¿Cuántos perros tienes?
—Siete —contesta el niño. —¿De dónde sacas la idea de que son siete perros? — grita, desesperado, el profesor.
—¡Es que yo ya tengo uno en casa! —exclama el pequeño.
¡Hasta pronto!
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